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miércoles, 22 de junio de 2011

¿Autonomía del Arte?

Volviendo a varias clases antes, quiero instalar nuevamente el tema de lo pictórico y la autonomía del arte, que habíamos revisado con los cuadros de Ensor. A veces observamos el arte como si siempre hubiera tenido la misma lógica, que a veces nos permite hablar de temas intocados en otro ámbito, pero en general esta forma de operación del arte es algo nuevo. Si visualizamos el arte del siglo XVIII, observamos que éste era heterónomo, es decir, estaba en función muy estrecha de la política, la religión o la economía. Recordemos los grandes cuadros de Jacques Louis David por encargo de Napoleón, donde dibujaba en post de un discurso político. Sin embargo, con la progresiva diferenciación funcional de la sociedad, a la que da cuenta Cecilia Bralic, el sistema artístico también toma ribetes de autonomía en su operar. Estamos inmersos en una época donde todos los sistemas se han vuelto autónomos, es decir, los sistemas se clausuran operacionalmente respondiendo a sus propias lógicas, y la interacción con otros sistemas se da en una suerte de gatillamiento de estímulos, pero que deben ser comprendidos al interior de cada esfera. Podríamos decir que es un enfoque contra-ontológico, dado que se basa en las operaciones de distinción, y no en una esencia.

En este paso de autonomía, se da en el paso de un arte propiamente simbólico, donde remite fuertemente a una cadena de significación, a un nuevo esquema que se centra en las propias distinciones que realiza. El arte se torna auto-referente, a través de comunicaciones propiamente artísticas, generándose un colapso entre la tensión forma y contenido. Este enfoque es un paradigma auto-referencial, porque se define en su diferenciación con el entorno, refiriéndose a su propia estructura interna.

Recordemos las obras que vimos en clases sobre James Ensor, donde se comienzan a observar luces de esta autonomía, donde ya no existe un intento directo de hacer una mímesis de la realidad, sino que capturar a través de la misma materialidad de una pincelada. Es decir, en aquel dibujo abocetado, aquella pincelada más tosca, existe una re-interpretación de la realidad bajo el soporte. Ahora el arte no remite directamente a una realidad, como una cadena significante y significado, sino que hace posible la visualización de posibilidades no actualizadas.

El sistema artístico se torna autónomo y por ende, autopoiético (da pie a infinitas distinciones), ya que no puede ser subordinado a otro sistema. Se produce aquella ruptura con la idea del acto mimético a través de una cadena de significación; es decir, que en toda distinción que emerge, no es necesaria su implicación directa con la realidad. La distinción sistema/entorno es reintroducida en el mismo sistema bajo la forma de autoreferencia/heteroreferencia: “El arte posee un lado propio para la observación de la realidad en virtud de sus propias distinciones artísticas (…) El horizonte de sentido que ellas abren, constituye una duplicación simbólica de la realidad, la cual posee códigos específicamente artísticos”[1].

Es por ello que emerge una observación de segundo orden, porque en la emergencia en tanto sistema, el arte exige de ser observado. De ello radica la importancia de que el arte en sí, necesite de un público y un artista para ser completado. Recordemos la imagen del “Urinario” firmado como “R.Mutt” por Duchamp; en él se necesita de un observador externo que lo haga emerger como una obra de arte, sin embargo, estas observaciones están dadas por un criterio artístico, que posee una lógica al interior de aquel sistema, y por ende no refieren directamente a la realidad cotidiana. En este caso, se da la operación binaria de “arte” y “no arte”, a través de la des-funcionalización del urinario, produciendo aquella distinción básica en la obra artística. Este criterio de diferenciación se basaría en la organicidad interna de la obra, una suerte de coherencia al interior del sistema arte. El arte no puede ser entendido desde lógicas cotidianas o de otros sistemas, el arte se automatiza, y se puede leer con elementos propios que remiten a sí misma.

Tomando en cuenta el contexto actual de movilizaciones estudiantiles, y como el arte puede ser un motor de concientización, o mejor aún, de movilización ciudadana, bajo este esquema ¿el arte puede tener relación con la realidad? Esta conexión con la realidad se da por otra operación de distinción, que logra impermeabilizar de cierta forma al sistema artístico, la distinción: Ficción/Realidad. Tal como lo plantea Feral, el sentido de ingresar a lo ficticio, no es introducir una mera dimensión de ficcionalidad, sino que ingresar a un discurso autónomo que constituye la escena, o dicho en los términos de Bralic, dar la posibilidad de acceso a la observación de segundo orden. La importancia de la reflexión artística es clave en torno a la emergencia de nuevo conocimiento. Es en el arte donde se abren las fronteras de posibilidad del pensamiento, presentándose un espacio de reflexión interna que permite gatillar interpretaciones a los otros sistemas. Tal como lo plantea Feral “Afirmar lo teatral como diferente de la vida y diferente de lo real, aparece como la condición sine qua non de la teatralidad en la escena. La escena debe hablar con su propio lenguaje e imponer sus propias leyes”[2]. Entonces, esta autonomía del arte que va madurando en el siglo XX, no se presenta como un espacio de apatía de las artes con lo contingente, sino que de modo contrario, un espacio en que aquella clausura operacional permite ser un gatillador más potente a los otros sistemas: “El despertar del arte en su autoreferencia durante el siglo XX ha traído consigo la exigencia complementaria de hacernos cargo de pensar cuál sería la heteroreferencia propia del arte, que hace posible su comunicabilidad”[3]. Se trata de un discurso autónomo desde las artes a la contingencia.

Por Pablo Cisternas Alarcón.

Bralic, Cecilia (2005). “La relación entre arte y cultura: acontecimiento y comunicación”, en Cátedra de Artes, N°1. Facultad de Artes PUC, Santiago, Chile.

Féral, Josette (2003). “La teatralidad: en busca de la especificidad del lenguaje teatral”. En Teatro, Teoría y Práctica: más allá de las fronteras. Galerna, Buenos Aires, Argentina.

Luhmann, Niklas (1998). “El arte como mundo”. En Teoría de los sistemas Sociales II. Jalisco, México DF.



[1] Bralic, Cecilia (2005). “La relación entre arte y cultura: acontecimiento y comunicación”, en Cátedra de Artes, N°1. Facultad de Artes PUC, Santiago, Chile. pp 101.

[2] Féral, Josette (2003). “La teatralidad: en busca de la especificidad del lenguaje teatral”. En Teatro, Teoría y Práctica: más allá de las fronteras. Galerna, Buenos Aires, Argentina. pp 98.

[3] Bralic, Cecilia (2005). “La relación entre arte y cultura: acontecimiento y comunicación”, en Cátedra de Artes, N°1. Facultad de Artes PUC, Santiago, Chile. pp106.

martes, 21 de junio de 2011

MEMORIA / CENSURA

En torno al tema del examen, no he leído aún nada en torno a la imposición (del olvido) de la memoria, osea LA CENSURA. Me parece que es un tema muy interesante de indagar, porque nuestra historia país está marcada por la ejecución de la censura en todos los ámbitos.

La censura, podemos definirla como aquella capacidad de un agente empoderado de negar el acceso a determinada información o el control en el acceso a determinadas expresiones. Ahora, ésta no es propia de nuestra época.. ha existido tanto en el ámbito político, el religioso como en el artístico... y cobra mayor fuerza cuand0 los cruces entre distintos campos se ha interceptado, tales como el arte con la política o la religión. Hasta obras del genio de Miguel Ángel como “El Juicio Final” fueron censuradas por el Papa Paulo IV y Pio V en el siglo XVI, las cuales ante mostrar el cuerpo al desnudo, fueron alteradas tapando los órganos sexuales con hojas de parra.

Cuatro siglos más tarde, en la época actual, dicho escenario no ha variado del todo. La Censura en Chile no ha sido un tema menor, aún pasados el siglo XXI. Grandes debates se han puesto en los medios de comunicación, de cómo se han censurado libros, programas de televisión, filmes u obras de Teatro. Caso particulares de los últimos años, fue la exhibición de la “ultima tentación de Cristo” en el año 2003, película que fue prohibida durante 16 años en el país. También tenemos el caso del montaje "Prat", de la compañía Teatro de Chile, que terminó con la salida de Nivia Palma del cargo. Sin embargo, más allá de estos casos particulares, los mismos medios ante la opción de instalar un setting determinado en los medios, también generan una censura. Es tan fácil como prender la televisión y observar lo que ocurre con el tema de las marchas estudiantiles.

En definitiva, y a lo que va este post... es observar el tema de la memoria, no solo como una reflexión que va hacia un pasado... sino que además es un tema contingente, la censura es un medio de control de la memoria de un ente con empoderamiento, que desea re-significar una memoria particular y negar otra... es una construcción que vemos continuamente.


lunes, 20 de junio de 2011

Preguntas sin responder...

¿De qué sirve que estudiemos algo vinculado con las artes, si no tenemos una mirada aterrizada con ella...?

Hemos hablado durante el curso de la esencia del ser humano, de la avaricia, de la soledad... y ahora que estamos inmersos en una suerte de marcha contra el actual sistema educacional, es interesante de ¿cómo nos hacemos cargo con lo que estamos aprendiendo a hacer... con el arte, con el teatro? En este último tiempo, he cuestionado realmente el ¿por qué deseo esta carrera, de que sirve que hagamos arte...? ¿cual es el real impacto que producimos con nuestras reflexiones? ¿Qué rol cumplimos como artistas, en la formación de la memoria de nuestra sociedad?

jueves, 16 de junio de 2011

EL CEMENTERIO

CEMENTERIO Y LA MEMORIA



Dando vueltas al concepto de la memoria... que pasa con los cementerios...?

Es un espacio que gira en torno a la memoria... a la ausencia que se simboliza en un cuerpo sin alma presente... que elementos son particulares de este espacio?

- el silencio
- el imaginario de una existencia en el más allá
- la naturaleza (viva y muerta)
- mantener la estructura de una ciudad

La Memoria...

Me llamó la atención el set de imágenes que publicó Isadora ... en general el silencio se conecta con la memoria... el silencio como un espacio de introspección, de mirar hacia dentro y en nuestro pasado... en general los cementerios son espacios de silencio... espacios de la mirada hacia el pasado, hacia el recuerdo...

Los monasterios son hacia dentro... y ellos conservan una tradición... conservan la memoria....

Las cárceles son espacios de introspección (al menos el ideal), que busca que el individuo se contecte con si mismo, con su memoria... con el hecho que ha errado, para corregir sus conductas...

A lo que voy... la memoria requiere de una detención.... de un mirarse interamente, de una energia que va en dirección a un no presente, a esa ausencia.

martes, 7 de junio de 2011

CONSTRUCCIÓN DE UN CUERPO

“Análisis en torno al montaje LOOP 3
Centro Cultural Gabriela Mistral, 2011”


Por Pablo Cisternas Alarcón.

Una de las problemáticas presentadas en el montaje Loop 3, es de qué modo puede hablarnos un cuerpo a partir de la agencia que posee éste por sí solo. El cuerpo es un receptáculo de una historia particular, de aprendizajes, de un modo de pararse en el mundo. Un modo de hablar en el mundo. Un modo de responder en el mundo. El cuerpo está lleno de particularidades que han sido aprendidas en un momento de la vida, y que se observan al interactuar ante otro. En este sentido, el montaje no solo inserta cuerpos en escena, si no que nos habla a partir de cuerpos que tienen un modo de apropiarse de manera particular; “el arte pone en escena significaciones imaginarias (…) tomando como punto de inicio una realidad que le antecede, crea un mundo nuevo poniendo en escena un sentido inédito” (Matoso, 2006).

“Loop 3” es creado por el coreógrafo chileno José Luis Vidal. El montaje se configura por una suerte de instalación de cuerpos, compuesta por 10 intérpretes que transitan a través del “contact”, en una atmósfera cargada de calor, sudor y desgaste de los cuerpos. El espacio se configura a partir de un cuadrado de linóleo en el centro de la sala, donde está dispuesta la instalación de los cuerpos, cercando el circuito por dos filas de sillas para el público, situadas de manera cuadricular, permitiendo un espacio que puede ser observado a los 360°. Esta disposición de la sala, permite que los cuerpos nunca se pierdan y siempre estén presentes en la escena.

La composición señala una suerte de comunidad de cuerpos que se necesitan mutuamente para poder desarrollarse, bajo la lógica de que un cuerpo necesita del otro para poder sostenerse en escena. La construcción del espacio está completamente basada en la interacción de un cuerpo con el otro: los movimientos de uno, implican un re-condicionamiento del otro, generando una “abertura de fronteras de posibilidad”. Los cuerpos se vuelven un apoyo del otro, desde donde otro cuerpo puede generar un movimiento propio. Son cuerpos que se permiten gatillar reacciones con el otro. En el conocimiento del cuerpo del otro, es que se puede disponer de ese cuerpo para el acomodo; y por otro lado, el sostener al otro implica una decisión de cómo está mi cuerpo disponible al recibirlo, observar desde que lugar lo cobija.

Las imágenes concretas que proyectan en el trabajo corporal, están conectadas a través de tránsitos de improvisación, lo que le va dando cierta fluidez al trabajo realizado. Los intérpretes realizan el viaje a través de cambios de ritmo, respiración y el despojo de un vestuario que poco a poco va develando el cuerpo en escena. Es ahí donde a mi parecer se concentra la temática de la composición: de qué forma el cuerpo está condicionado por elementos histórico-materiales en su forma de desenvolverse.

Los pasajes presentados en escena, van desde un cuerpo completamente tapado por ropajes, que impiden una fácil movilidad del cuerpo, y condicionan los modos de moverse y de mirar; hasta un cuerpo libre, sin ropajes culturales que lo determinan, pero que aun así dejan entrever un cuerpo condicionado históricamente en su aprendizaje, lo que se observa en los modos particulares de moverse. Es el cuerpo que aún al desnudo, sigue siendo condicionada por la propia historia.

Poco a poco el despojo de la ropa, va dando cuenta de que existe una capa más íntima, más profunda y con más contenido. Las ropas comienzan a mutar de los tonos cálidos y oscuros del principio, a colores fuertes y vivos. El cuerpo se va haciendo presente, y comenzamos a observar una mayor profundidad del movimiento. Ya no solo se mueve el brazo, si no que se observa como el brazo tiene infinitos sub-movimientos que componen ese movimiento grande, los focos están ligados en torno al movimiento mismo que se va presentando en la composición. Tomando los cuerpos cómo centro del análisis, más allá de plantear una visión particular de lo visto en escena, me parece hasta más interesante las preguntas que van surgiendo a partir de estos tránsitos de los cuerpos ¿Qué es lo que muestran? ¿Por qué muestran lo que muestran? ¿Cómo se muestran? ¿Por qué ese modo de mostrar? ¿Por qué se mueve cada zona del cuerpo? ¿Qué es lo que aparece cuándo se mueven? ¿Con qué se conecta ese mostrar, en relación al otro? Cada movimiento, aunque sea de manera inconsciente es una decisión que se aborda desde la particularidad de cada cual, y que contiene modos de apropiarse del espacio condicionados por su conocimiento previo.

En relación a la dramaturgia de la composición, en mi opinión ésta se torna predecible. A partir de ello, se desprende un análisis que nos pone de inmediato la imagen del soporte cuerpo: ¿Qué comienza a aparecer con una composición con lógica lineal? Ante la falta de sorpresa en la dramaturgia del montaje, se vuelve interesante la re-significación que se va plasmando principalmente en lo corporal, y si bien sabemos desde un inicio que la secuencia irá progresivamente descubriendo el cuerpo, comenzamos a observar como éste se va modificando con el destape, los cambios de sonido y el ambiente. Es el cuerpo mismo el que se presenta en escena, y con ello, se vislumbra todo lo que ese cuerpo ha absorbido en el aprendizaje.

Bajo esta idea, pareciera que la presencia de cuerpos con distintos grados de acondicionamiento para resistir la hora de montaje de manera limpia, es una decisión acertada. El cuerpo se hace mucho más presente, en su resistencia y posibilidades. De los cuerpos masculinos, los cuatro presentan distintas formas de acción y reacción ante los estímulos, uno de ellos tiene una presencia mucho más estilizada, concreta y con movimientos precisos; donde se observa un grado de tecnificación mayor de su cuerpo que el del resto de los intérpretes. Los otros tres tienden a teatralizar más los movimientos, lo que a veces es percibido como movimientos más pensados, que uno que provenga de una respuesta automática del cuerpo. Pero lo más significativo son los intérpretes que en las últimas secuencias, van denotando las lesiones y cansancio en el movimiento, lo que va contrastando fuertemente con los otros intérpretes. Ese cuerpo lesionado y desgastado, es un cuerpo que responde desde la misma corporalidad, un cuerpo que no piensa en su accionar, si no que cada movimiento viene del cuerpo mismo. En esta instancia, es donde se observa un real trabajo de lo corporal, que va más allá de transitar a una figura “bonita” o “armónica”, si no que presentar al cuerpo tal como es, y como éste busca sus lugares de acomodo particulares.

Lo mismo pasa con los juegos sonoros que realizan en las ultimas secuencias. En general estos movimientos parecen poco integrados, porque no provienen de una interacción que provenga del cuerpo mismo. Parecen más racionales, y es ahí donde se torna una ejecución vacía, porque no devienen de un cuerpo sino que de una idea preconcebida. El dolor del cuerpo, es algo más gutural, proviene desde dentro y genera la sensación de contagio. El sonido comienza a salir, y el dolor interno responde desde la particularidad de cada cuerpo en ese dolor, en esa sensación. Aquí aparece desde otro lugar lo que se ha revisado continuamente: cómo reacciona desde la particularidad del cuerpo, ante el estímulo del otro. Cómo se modifica el cuerpo, cómo el cuerpo suena. En la última parte del montaje, aparece el cuerpo en sí mismo, un cuerpo más “tonto” en cuanto a lo racional, pero más inteligente en lo corporal, “golpe de cuerpo… el cuerpo tiene un sonido… miradas… que es lo que un cuerpo en particular puede llegar a hacer… el cuerpo se desestabiliza, ¿qué hace?, ¿cómo reaccionar ante determinado estimulo? ¿mantiene la forma?, se detiene, observa…”



Bibliografía.

Matoso, Elina (compiladora).
El Cuerpo In-Cierto: Arte, Cultura, Sociedad. Buenos Aires, 2006.

domingo, 5 de junio de 2011

Campaña B HidroAysén

He visto varios post de HidroAysén... para no ser menos, les dejo un video que en tono lúdico nos habla del tema...

Es interesante como al jugar con la misma campaña de hidroaysén, hay un mensaje que llega mucho más fuerte.


http://youtu.be/8boEaSmT3aM

miércoles, 25 de mayo de 2011

Cuerpo Ficticio

En relación al último cuadro que trabajamos en clases... me pareció interesante conectar con el trabajo escénico, y lo que plantea eugenio barba sobre la disposicion de los cuerpos en el ámbito extra-cotidiano... al respecto, parece interesante que con el solo hecho de instalar un cuerpo en un espacio "artístico", ya estamos hablando de algo...

El Cuerpo Ficticio es un cuerpo que está en disposición y alerta para que en él acontezca
cualquier acción. Es un cuerpo que no expresa ningún tipo de emoción, pero tampoco está en una condición de cotidianidad, ni mucho menos de relajo; es un cuerpo que está al “acecho” de reaccionar, un cuerpo que está potencialmente dispuesto para poder interpretar, siendo a mi entender la conciencia misma de la “presencia escénica”.

Según Eugenio Barba, en muchas de las corrientes tradicionales del teatro japonés, existe un nivel intermedio en que el cuerpo del actor está en disposición de lo que puede ocurrir potencialmente, es un cuerpo en alerta que está entre un “cuerpo cotidiano” y el “cuerpo imaginario”, es decir, el cuerpo en acción en el escenario. El cuerpo ficticio viene a ser un cuerpo en ausencia (tanto de la actitud cotidiana, como la del rol que se interpreta en escena), pero que aquella ausencia se hace presente en escena. “Con frecuencia en el teatro Nō, el segundo actor, el waki, representa su propio no ser; es decir, su >>ausencia<< de la acción. Esta utiliza una compleja técnica extra-cotidiana del cuerpo que no debe servir para expresar, sino para >>hacer notar su capacidad de no expresar<<. (…) El actor desnudo ya de su personaje, pero no por ello reducido a su identidad cotidiana, se aleja de las espectadores sin querer expresar nada, pero con la misma energía que caracteriza los momentos expresivos” (1).

El cuerpo ficticio, en Eugenio Barba corresponde a un “… cuerpo que concentra todas sus fuerzas en una cierta zona ficticia, que finge no una determinada ficción sino una especie de transformación del cuerpo cotidiano a un nivel pre-expresivo” (2). Es un cuerpo que se limpia de todas las muletillas y modos particulares con las que condicionamos nuestro cuerpo, a partir de lo socialmente aprendido.

(1) Barba, Eugenio. Anatomía del Actor: Diccionario de Antropología Teatral. Editorial Gaceta. México, 1988. pp 18.
(2) Ibíd. pp. 170.

martes, 24 de mayo de 2011

Sobre Soportes

Ya que en clases hemos hablado de los soportes... les recomiendo una exposición mil interesante en el GAM... que se llama "El Escenario de la Ilusión", curatoria de Miguel Ángel Coso y Juan Sanz.

viernes, 13 de mayo de 2011

VOLCÁN SMOG

Recuerden... Por la semana del teatro... VOLCÁN SMOG!!!
VIERNES 13 de MAYO.

http://www.facebook.com/event.php?eid=206387199401804

MUESTRAS:

1. Los Quiltros. 19.00/ 20.10 Sala 8. Duración: 30 min
2. Metagalácticos 1 19.35 Sala 4 Duración: 25 min.
3 Los Niños del CidVicente Almuna. 20.50 Patio30 min.
4 VerborreaBenjamín Villalobos 21.30 / 22.55Sala 6. 15 min.
5. Indivigua. lAlejandro Ferreira. 21.30 / 22.55. Sala 4. 10 min.
6. Metagalácticos 2. Catalina Muñoz. 21.55. Patio (S.4) 7 min.
7. Felipe y los buenos seres. Felipe Gradón 22.15 / 23.15. Sala 1. 30 min.
8. Fragmentos de Asepsia. Bosco Cayo 22.15 / *23.15 Sala 3. 30 min.
9. Metagalácticos 3. Catalina Muñoz23.50. Patio. 7 min.
10. Bandas invitadas por el cetro

La presentación de ejercicios se desarrollará hasta las 00:30 minutos, para dar paso a la FIESTA propamiente tal que se extenderá hasta las 02.00 am.

domingo, 1 de mayo de 2011

Intolerancia - Griffith



Secuencia de la caída de Babilonia en el film Intolerancia de D. W. Griffith

La Función de la Función Teatral

El juego de palabras “función de la función”, en si misma nos obliga a una reflexión: ¿El teatro se basta en sí misma, o termina siendo herramienta de otra cosa? Esta definición conceptual, nos deja entrever un límite muy delgado entre la transmisión de un mensaje, y la obra propiamente tal.

Al observar la plástica, podemos trazar un límite mucho más claro en la tensión entre el tema y la ejecución artística (por ejemplo la materialidad de un cuadro). Sin embargo, a mi modo de ver, en el teatro los límites se tornan más difusos. Plantear “una” función del teatro requiere observar un fenómeno complejo, por las distintas aristas que tiene el teatro en sí. A grandes rasgos, es un proceso de creación, lo que arranca desde una profunda investigación temática y escénica (que se sostiene por la creación artística en sí misma); a la vez es un acto vivenciado por quienes interpretan y quienes observan o participan del montaje; y finalmente la participación activa de un público que recepciona mediada por sus experiencias la obra.

Bajo este esquema simplificado, el teatro permite enfocar un discurso o investigación en torno a la vida social, permitiendo gatillar una reflexión en torno a un hecho concreto de nuestra realidad, la cual ya sea de un montaje más literal o hasta enfocado netamente en la abstracción de un cuerpo, implica una reflexión de quienes somos.

Muchas veces, paseamos por el mundo sin reflexionar más allá de lo que ocurre en nuestro entorno, y comenzamos a invisibilizar realidades. El teatro nos permite una reflexión más aguda, entregando la posibilidad de despertar un mundo. En particular, la experiencia de ir a ver Topografía de un Desnudo de la compañía La María, me sirve de ejemplo de cómo el montaje hizo un “click” en mi modo de aproximarme con mi mundo. En general, hay partes de nuestra realidad que las tendemos a invisibilizar, por ejemplo los mendigos. Si bien los observamos en las calles, tendemos a olvidarlos en nuestra mirada. El observar una obra en torno ello, nos obliga a tenerlos presente, y tomar conciencia de que compartimos el mismo espacio.

Es por ello, que a mi juicio el teatro no puede bastarse como un mero espacio de entretención, porque éste resalta una complejidad mayor a través de su recepción perceptiva. El teatro trabaja en torno a lo más básico de nuestra existencia, que es el juego. La forma primaria de relacionarnos en este mundo, es a partir del juego. Si lo analizamos bien, es un procedimiento bastante complejo. De partida, no es una interacción que se da solo con otros niños. El juego infantil se basa en una interacción con un mundo imaginado, con animales, con objetos (como el jugar con una botella de plástico), en acciones (como el estar encumbrándose en mallas o refalines en las plazas), o con otros niños (en aquella facilidad de hacer amigos con el extraño), la que se ve potenciada por una exploración infinita en su “mero proceso recreativo”. Para un niño el jugar no tiene un fin más que el jugar, y aún así el niño está conociendo el mundo.

El teatro en sí mismo es una investigación en torno a lo que somos, independiente del grado de literalidad o abstracción que tenga el montaje, siempre remitirá a una auto-observación, porque estará recepcionada por nuestros sentidos. Nos llega de manera fluida, porque está anclada en lo más profundo de nuestra existencia, nos permite conectarnos con nuestras emociones (consciente e inconscientemente); con miedos, anhelos, penas, heridas, etc. y en ello radica la riqueza investigativa que presenta el teatro, porque nos reafirma como individuos de una comunidad, pero con la posibilidad de tomarla desde nuestras experiencias. Si bien el salto de la generación de conciencia a producir un cambio, puede ser una conclusión muy apresurada, y lo más probable es que el caso anterior no produzca un hecho concreto en torno a la ayuda concreta en torno a la situación de calle, el teatro en sí, como una suerte de reflexión de la realidad, permite conectarme con un mundo que está en mi mano, y no lo logro palpar. Tal como los niños juegan y exploran su realidad, aunque ello implique la experiencia del jugar como un hecho concreto que se basta en sí mismo, el teatro no solo es una experiencia artística, sino que además nos “pellizca” y nos dice: esto somos.

sábado, 2 de abril de 2011

John Cage 4´33

Respecto a la última clase... me quedó dando vuelta lo discutido. Les dejo un video muy interesante, que alude a las decisiones respecto a una obra artística.

sábado, 19 de marzo de 2011

¿Arte para Sanar?

Hace un tiempo atrás, alguien citó a jodorowski... si! también es uno de mis escritores favoritos... en realidad, el único tipo que leo con gusto sin sentirme culpable... bueno, la cosa es que este señor plantea que el arte - para serlo - debe tener la capacidad de ser "sanador", si no... no es arte. ¿Qué piensan ustedes? El arte está ligado con la dicotomia construcción/destrucción? Les dejo un cortometraje interesante, que nos puede gatillar esta idea... el arte, es arte si destruye? o solo importa remecer?

Esperaré al próximo
Phillippe Orreindy

martes, 15 de marzo de 2011

EL JUEGO y la libertad artística

A propósito de la locura, y pasando por un estado conocido por todos, me parece interesante el volcar el análisis a la importancia del juego en la vida cotidiana. Si alguien está aburrido, les dejo un ensayo que escribí hace un tiempo atrás sobre este tema y la importancia en la apertura de mundo que ello conlleva.

La sociedad occidental tal como la conocemos hasta ahora, no tiene más de 3 siglos. De hecho, si somos más acuciosos con aquella tesis, la sociedad occidental de las nuevas tecnologías y plataformas de la comunicación, no tiene más de 3 décadas. Las grandes tecnologías han desarticulado un mundo del papel, y ha acelerado procesos de procesamiento de la información y agilidad de las comunicaciones, como nunca se pensó en el pasado. Antiguamente se veía un futuro al estilo de Hanna-Barbera, un futuro con edificios montados en los cielos, automóviles similares a los platillos voladores y máquinas cada vez más humanas como la “Robotina”. Sin embargo las tecnologías cada vez se automatizan más en nuestro entorno, y en muchos casos al contrario de humanizarse como la “Robotina”, tienden a ser agentes no humanos con propiedades particulares y poco cercanas. Desde una visión extremista y hasta pesimista, en vez de que los agentes no humanos se humanicen, son los humanos los que han tendido a mecanizarse e individualizarse. Ya hacia el año 1936 tenemos referencia a este análisis, con la película “Tiempos Modernos”. El ser humano, en aquella reflexión, es desplazado por esta gran masa de agentes no humanos, gatillando en una pérdida de sentido en lo que hace. El ser humano comienza a perder su libertad, comienza a estructurarse de tal modo, que la máquina comienza a ser parte de él mismo. El hombre comienza a perder su esencia, su diversidad y se funde entre la masa. El ser humano comienza a perder una gracia especial que lo caracterizaba, aquel plus que tenía en su capacidad de crear mundos.

Es en este contexto, de una sociedad que en su desarrollo se acelera de manera abismante, es que comienza una etapa de un mundo menos encantado, con menos magia, con menor espontaneidad. Las rutinas comienzan a ejercer una fuerza mayor de control. El mismo cansancio de las largas jornadas laborales comienzan a despojar esa capacidad de estar receptivo a los estímulos del medio. El informe de Competitividad del “International Institute for Management Development de Suiza”, reveló un dato que dio bastante que hablar: en Chile (comparado con países de la región y a nivel mundial) se trabajan muchas horas, pero se produce poco[1]. Este dato también nos habla de un desánimo de cómo concebimos el trabajo, y como concebimos nuestras vidas. El trabajo como medio “para”, y no como la posibilidad de que sea un fin en sí mismo. Hay una suerte de desencantamiento de nuestro modo de actuar, al paso de que mecanizamos nuestra vida cotidiana. No vivenciamos los momentos en que estamos.

¿Qué pasa cuando trabajamos de una manera mecánica? Nuestros actos comienzan a perder sentido, comenzamos a perder el objetivo del por qué hacemos las cosas. Las cosas se burocratizan a modo de la Jaula de Hierro, nos auto-esclavizamos en algo que no nos apasiona. Aquella mecanización de los actos, en una actuación sin sentido propia de la época actual, es lo que también hace hincapié Stanislavski, al cuestionar en su disciplina las actuaciones falseadas, dotadas de estereotipos.

A través de la voz de Tortsov, Stanislavski desea transmitir una creación de personaje basado en una verdad escénica. En su mirada, todo lo que ocurre en escena debe ser real, de no ser así, pierde validez y exteriormente cualquier acción será falseada del todo. Las verdades escénicas de las que habla, deben tener tal eficacia que logre gatillar reacciones al interior del espacio. En sus propias palabras “lo que yo busco en el arte es algo natural, algo orgánicamente creativo, que pueda infundir vida humana a un papel de por sí inerte (…) mi verdad… ayuda a crear imágenes reales en sí mismas y a excitar pasiones reales también”[2] En escena no debe presentarse una simulación de situaciones, los actores deben trabajar la escena a tal punto que las emociones deben ser vividas a la par con el personaje. El público debe lograr entrar en ese mundo, y continuamente entrar en aquella frontera entre realidad y ficción. La magia de teatro radica en que su reflexión se extrae de la vida misma, presentándolas en un contexto diferente, en una realidad simulada, pero que se nos presenta de manera coherente. Un montaje “…se presenta como una construcción ficticia fuera de la realidad”[3] Desde esta realidad ficticia que acontece en escena, es que podemos darnos cuenta de una lectura de lo que sucede en la vida cotidiana, tergiversándola de manera tal, que nos parecen irónicamente naturales en escena. Lo que se presenta en escena bajo la mirada de Stanislavski, no debe prestarse para cuestionamientos extra-escénicos (esto es falso), sino que debe caer en una verdad escénica al interior del “rito teatral”, tal como hemos apreciado en el curso de “Teatro y Sociedad”. La idea es que lo presentado se muestre bajo una coherencia tal, que pareciera que lo que vemos podría ser real. “El arte permite… que la realidad adquiera un doble significado. Divide la realidad mediante su forma, de tal manera que puede distinguir entre dos lados: la realidad ficticia y la realidad real”[4]. Esta realidad ficticia correspondería al ámbito de reflexión del mundo real. Desde este plano, ya se puede observar que todo lo que acontezca en el mundo de la realidad ficticia, generará duplicaciones de esta distinción, siempre diferenciando entre realidad real y ficticia. Es en el plano de la ficticia, donde se va estructurando la relación que Luhmann plantea entre “forma y contenido”, el cual el segundo concepto deviene de la realidad real, está inmerso en la sociedad como una heteroreferencia que hace propia la obra de arte a través de la forma, que es totalmente autoreferente. Es al interior de la realidad ficticia, desde donde se trazan las distinciones entre lo que se denominará como forma (autoreferencia) y contenido (heteroreferencia), constituyéndose como un sistema autónomo, y por ende, funcionalmente diferenciado[5].

En el caso del proceso de creación actoral, la heteroreferencia estaría dada por las herramientas con las que se sustenta el actor para poder interpretar, la autoreferencia sería la aplicación de aquellas herramientas y temáticas del montaje mismo en un contexto que adquiere una coherencia interna en escena (sería el lenguaje teatral mismo). Son estos elementos de “adaptación” los que se insertar en escena para generar un discurso propio, la actuación de este modo “no logra hacer que el mundo se haga visible como es; ya que el mundo no es un estado de cosas ontológico. Pero puede lograr que en la obra se hagan visibles el entrecruzamiento de las fronteras dentro de las distinciones, que se hagan visible las distinciones de las distinciones y finalmente quizás la paradoja de la invisibilización mediante la visibilización”[6]. La gracia del trabajo actoral, es que el análisis de lo que acontece en el mundo, se entrega en una lógica que adquiere coherencia solo al interior del espacio teatral, que es presentado por la compañía. Esto se puede ejemplificar claramente cuando una de las alumnas del curso de Tortsov dota de una gran significación un pedazo de madera, y logra caracterizarlo, dotarlo de vida, dotarle de manos y generar un bebe en sí mismo. Pero esto ocurre por una serie de elementos que le son generados en su vida, y ello lo presenta en su trabajo actoral. En palabras de Luhmann “los beneficios que trajo está distinción (la de forma y contenido) es que expresó en la obra de arte la unidad de la diferencia entre autoreferencia y heteroreferencia, ya que la forma está en relación directa con la autoreferencia, el contenido con la heteroreferencia”[7]

En esta investigación de la heteroreferencia, es que se presenta no solo la experiencia del actor, sino que también el trabajo del cuerpo, como herramienta indispensable para poder proyectar la creación artística. Es por ello que para Stanislavski, el trabajo actoral incluye un acucioso control del cuerpo: “el control de nuestros músculos debe ser parte de nuestra integración física, nuestra segunda naturaleza”[8] El Trabajo del actor consistirá en el manejo de las capacidades del actor como persona, para poder generar las mejores condiciones para interiorizar un personaje: “cómo aflojar los músculos, cómo controlar el cuerpo; cómo estudiar una parte, trabajar con imaginación, cómo actuar desde el corazón; cómo trabajar con otros actores con mutua comprensión y respeto para el papel del otro…”[9] Todos estos puntos unen como sentido el “cómo” trabajo con el otro, el “cómo” se puede llegar a realizar una sinergia con el otro. Cómo aceptar al otro desde su diferencia, y aunarlo en un objetivo común.

Con un primer esbozo muy general del enfoque de Stanislavski, volvamos a nuestro caso y les antepongo una pregunta ¿ustedes juegan? ¿Son capaces de generar mundos, por el solo hecho de hacerlos? Tanto para los que lo han hecho hace poco, o ya no lo hacen ¿recuerdan cuando eran chicos y jugaban? ¿Qué cosas han cambiado de aquella época que les coarta el divertirse de esta manera?

El teatro y la actuación están íntimamente ligados con nuestra propia existencia, con nuestra forma de pararnos ante el mundo. La forma primaria de relacionarnos en este mundo es a partir del juego que si lo analizamos bien es un procedimiento bastante complejo. De partida, no es una interacción que se da solo con otros niños. El juego infantil merece una mayor complejidad porque se basa en una interacción con animales, con objetos (como el jugar con una botella de plástico), en acciones (como el estar encumbrándose en mallas o refalines en las plazas), o con otros niños (en aquella facilidad de hacer amigos con el extraño), la que se ve potenciada por una exploración infinita en su “mero proceso recreativo”. Para un niño el jugar no tiene un fin más que el jugar.

Lo exquisito de una teoría como la de Stanislavski, es que siendo un modelo aplicado al trabajo de análisis de un personaje, en una suerte de “ciencia” escénica, puede ser extrapolada al ámbito social. Su teoría hace gran sentido en una sociedad como la nuestra, que se encierra bajo un sistema que paradójicamente a la vez que se incrementa su diferenciación funcional, produce una menor individualidad de los agentes. Una sociedad estructurada de tal manera, que va quitándonos esa capacidad inherente del ser humano de crear, de jugar, de generar verdades en sí mismas. Lo interesante de las conexiones que se pueden observar en su teoría, radican por algo muy simple: se desprende de un análisis acucioso del ser humano y se adentra en la complejidad de éste.

El mismo Stanislavski realiza sus conexiones con el mundo “real”, ya que bajo el personaje de Tortsov señala que los mejores actores son los niños. Esto es fácil de vislumbrar con solo ir a una plaza. El juego de ellos no se contamina con el exterior. Son capaces de crear un mundo nuevo, una fantasía con una lógica propia, y al mismo tiempo de un salto poder volver a la realidad. Si es tan fácil pararnos a una plaza y encontrar a niños creando mundos increíbles ¿Por qué a medida que crecemos, nos volvemos tan incapaces de crear mundos nuevos y posibles? ¿Qué es lo que pasa en nuestras mentes, que poco a poco vamos reduciendo esa capacidad de generar nuevos mundos posibles?

Pueden existir muchas respuestas a tal tema, sin embargo hay algo en el proceso de formación educacional que quizás nos va formando en un objetivo claro: ser eficientes, ser sistemáticos. El colegio se presenta como el Disciplinamiento por excelencia. Control absoluto, un disciplinamiento que va eliminando la subjetividad de los mismos sujetos: intento por tener el mismo vestuario para todo el curso de manera uniformada, ordenarlos por fila, “que todos los alumnos estén en silencio en la sala de clases”, que se levanten cuando llegue un profesor o inspector, los modos de aprender y entregar la información asimilada, etc. El problema de este tipo de educación, es que poco estimula la creatividad. Los éxitos se van produciendo en aquella capacidad de repetir procesos, y no en la de gatillar nuevas experiencias.

El éxito del sistema educativo se da cuando se logran capacidades administrativas, de mantener el estatus anterior y no en el de gestionador, de creador de nuevos proyectos. Contradictoriamente a lo que se espera de un individuo en el futuro, se le elimina aquella capacidad de emprendimiento que deberíamos tener todos; entendiendo por ello de la manera más amplia posible. El alumno que genera proyectos al interior de su colegio, generalmente se le coarta burocráticamente. ¿Pero qué es lo que se le va coartando realmente? No les parece que lo que se le va coartando es aquella capacidad (que era innata cuando niños) de generar una verdad. Del poder lanzarnos sin miedo a un nuevo rumbo y creer en ello. Tortsov lo plantea muy bien, al decir que “lo que es más importante de las acciones mismas es su verdad, y nuestra creencia en ellas. La razón de esto es que donde quiera que ustedes tengan verdad y creencias, tendrán sentir y experiencia. Pueden ustedes comprobarlo ejecutando hasta el más pequeño acto en el que realmente crean, y encontrarán que instantáneamente, de modo intuitivo y natural, despertará una emoción”[10]

¿Les convence esta idea de que nos falta entrar en aquella dinámica del juego a medida que crecemos? ¿Ven aquella incapacidad de dar vuelta nuestro mundo… en esa imposibilidad de tomar los cánones como referencias de la realidad y reestructurarlo a nuestro antojo? ¿Existirán momento que como “adultos” podamos volver a ser niños? ¿Qué dicen ustedes? Si partimos de aquella premisa, me parece curioso que en nuestra vida cotidiana no seamos capaces de ritualizar más nuestras acciones, al modo de los niños. Sin embargo expondré dos situaciones en las que sí podemos observar aquella capacidad de generar verdad y que está inmersa en nuestra sociedad. Lo curioso de ello, es que ambas situaciones son socialmente apetecidas.

En nuestra cultura chilensis es muy común hablar del “busquilla”, del “ingenio del chileno”, tal como lo dijimos anteriormente de este “hombre emprendedor”. Eso de cierta forma se vincula con esta visión que plantea Stanislavski en el proceso actoral. “>>La vida de un cuerpo humano<< style="mso-spacerun:yes"> y una creencia en lo que el actor está haciendo”[11] ¿Por qué exista una conexión directa? Por una idea muy simple, el busquilla debe tener fe en lo que hace, sino no sería capaz de emprender un nuevo proyecto, y no volvería a gestionar una nueva iniciativa. Para algunos es sobrevivencia, para otros se trata de “gran ingenio”. ¿Aún no conceptualizan un ejemplo de un busquilla? Es tan simple como que imaginemos un día de lluvia, lo primero que aparecerán a la salida del metro serán los vendedores de paraguas. Al día siguiente Iván Torres nos anuncia que seguirá la lluvia y el frío, salimos abrigadísimos de casa. Pero a las dos de la tarde hay 30 grados. ¿Qué pasa? Aparecen los vendedores de helados, de bebidas. Ya sé, ustedes me dirán que esto más que ser busquilla es rebuscárselas para trabajar. ¿Pero todo el mundo tiene esa capacidad de atreverse a emprender por sí misma? ¿En otros países se da tan fuertemente esta capacidad de rebuscárselas al ofrecer un producto?

Si no les convence, veamos un proyecto más a largo plazo. Actualmente y con más y más éxito se presentan estos proyectos a microempresarios. En estos programas se otorga una ayuda que I. Irarrázaval conceptualiza como de tipo habilitante, es decir, de recursos (tanto monetarios como de capacitación), que les permita emprender considerando las capacidades que los mismos agentes sociales tienen de sí. Estos proyectos pretenden que los distintos sujetos se empoderen, se sientan capaces de valerse por sí mismos. Aquí vemos concretamente un acto en que de no “creerse el cuento”, el proyecto no resultaría. Y tal como Stanislavski lo plantea como objetivo “actuar verdaderamente significa ser lógico, coherente, pensar, esforzarse, sentir y obrar de acuerdo con su papel”[12] Se extrapola a un contexto social, donde la conciencia de los procesos y de tener como real algo proyectable, es lo que motiva a que esta nueva iniciativa verdaderamente genere frutos.

Claro. Cómo ustedes han sido tan quisquillosos con mis argumentos, ahora me dirán que no toda la gente está interesada en generar una verdad de ese modo. Que no va por una incapacidad de poder re-pensar un nuevo mundo posible, sino que simplemente en un desinterés de ello. Pero veamos el segundo caso que expondré.

¿A quién no le gusta carretear? Creo que poca gente dirá. “no, qué fome!”. La fiesta, al igual que las ceremonias o los ritos, son algo que está íntimamente ligado con el ser humano; hay algo en ello que genera una conexión distinta con los demás. Y esto no solo sucede con los más jóvenes, ocurre en todas las edades, porque no hablamos de ir meramente a una disco, sino que juntarse con amigos, tomarse un trago con un picoteo, una “chelita”, o simplemente juntarse con otro a pasarlo bien.

Lo particular de la fiesta, es que se presenta como un momento de desinhibición en el cual de cierta forma volvemos a ser niños. Casi todo es permitido y logramos ser parte de un todo. En la fiesta se da una lógica extraña, en que somos capaces de jugar, de hablar pavadas e incluso de generar una verdad solo propia en aquel instante. Participamos de un rito catártico que se constituye esencialmente porque “todos estamos en la misma”, nadie puede estar de espectador, todos deben participar del ritual, no puede quedar nadie fuera. Si alguien se sale del juego festivo, es rápidamente incluido en la dinámica: “oie, pero como vai a estar arranado toda la noche… ven y tómate un copete” “por último ven a bailar un rato”. Quien participa de este ritual, tiene plena confianza de que la acción del otro está en la misma sintonía, hay una confianza en las conexiones que se generan con el otro. En el teatro se da algo similar. Tortsov lo plantea a sus alumnos “Quizás ustedes todavía no se dan cuenta de que, partiendo de su creencia en la verdad de una pequeña acción, un actor puede llegar a sentirse a sí mismo en su parte y a tener fe en la realidad de la obra entera”. Los actores al involucrarse en un montaje, muestran seguridad respecto al trabajo de sus compañeros y que en conjunto se logrará una realidad absoluta y que tenga coherencia internamente. En la fiesta se genera una realidad que solo tiene una coherencia interna, pero lo mágico de este encuentro, que un marciano antropólogo que lo ve del exterior podría denominar “rito de descargo”, no se trata más que en la conexión con los otros individuos.

Estos breves argumentos nos dan cuenta de que aquella capacidad de generar mundos, de generar verdades potenciales son propias del ser humano. Los niños en su proceso de adaptación al mundo usan el mecanismo del juego para conocer el mundo, y en él integran tanto los “elementos” humanos como no humanos. Este simple dato, nos da cuenta de que efectivamente somos capaces de generar verdades potencialmente proyectables. En este proceso se vive una experiencia, y es ésta en sí misma la que vale como fin. El juego o la fiesta, consideradas como espacios del “ocio” en la sociedad occidental, no tiene una producción final; sino que se sustentan por el proceso mismo que se genera. La cultura del negocio, que genera procedimientos de los cuales apuntan a un fin, es una cultura que se olvida de los medios, lo único que se desea es “terminar luego la jornada laboral” para disfrutar del sueldo a finales de mes (si es que se puede disfrutar algo de él). Esta mecánica del negocio, niega la lógica del ocio (neg-ocio: negación del ocio). Los procesos por ende, no se constituyen como fines en sí mismos y es por ello que vemos esta tan baja productividad, según el estudio mencionado al inicio.

Esto es el reflejo de una sociedad que siendo cada vez más funcionalmente diferenciada, también se torna mecanizada, tal como lo hablábamos en el inicio. Una sociedad que no da cuenta de los procesos, no vive las experiencias y todo se resume en lograr un fin-objetivo. Es lo que Stanislavski apuntaría al conceptualizar la actuación mecánica, como estos clichés que se generan en la actuación, porque se actuaría sin un sentido claro, no existe una definición clara del fin y el objetivo que el personaje desearía realizar en aquel acto, y por ende se recurriría al convencionalismo. Es extraño encontrar personas que realmente estén fascinadas con sus profesiones, con el trabajo que realizan. Pero cuando uno los ve, genera otro mundo. Un profesor que le apasiona su trabajo, será una proyección determinante en el modo en que los alumnos concebirán su clase. Para este profesor, los procesos (contacto con los alumnos clase a clase) ya valen por sí mismos. Y ello está específicamente enmarcado en lo que postula Stanislavski: “En la escena no puede haber, bajo ninguna circunstancia, acción que se dirija de modo inmediato a suscitar sentimientos por el solo hecho de despertarlos (…) Cuando ustedes escojan un fragmento de acción, dejen solos los sentimientos y el contenido espiritual (…) Todos estos sentimientos son el resultado de algo que les ha antecedido. Sobre este precedente ustedes pueden pensar tanto como quieran, en cuanto al resultado se producirá por sí mismo”[13]. Tal como lo señala Stanislavski, los procesos de construcción de realidad se valen a sí mismos por los detalles, en un proceso de investigación interno (antes que externo). El beber agua, implicaba una serie de procesos que se debían realizar para valer como construcción completa. Se trata de una concatenación de objetivos que se unen y generan una red mayor.

Pocas disciplinas permiten una reflexión tan exhaustiva del proceso de producción como si ocurre en el teatro. Si bien el montaje es un punto final del trabajo logrado en clases y en los ensayos, podríamos decir que este proceso también se vale por sí mismo. Sin embargo, este proceso sería in-entendible para alguien externo. Hay una búsqueda de ajustes que terminan en un resultado que solo tiene una coherencia interna dentro de ese marco respectivo. Esto es lo que postula Stanislavski en su analogía del viaje. Todas las emociones, experiencias y procesos que se van elaborando a lo largo del proceso creativo, guardan relación con la producción final. Pero la producción va emergiendo con la concatenación de muchas variables, y de muchos actores que intervienen en la escena, y de las cuales son fines en sí mismos que se dirigen a un fin total.

: Una lectura alternativa al proceso de creación de personaje expuesto por Stanislavski en un actor se prepara, tiene que ver con la vida misma. Con aquellos momentos en que el ser humano en su actuar debe creer en lo que hace. El generar una verdad en sus proyectos da cuenta de aquella capacidad de creer en sí mismo, de lo que puede llegar a lograr, como también de esa potencialidad de creer en el otro.

Debemos aprender de los niños. En sus juegos ellos exploran condiciones de posibilidad. El jugar es abrirnos a las posibilidades del mundo, tal como Tortsov se los recalca a sus alumnos. Si bien no todas las posibilidades son potencialmente realizables, de cierto modo nos permite darnos cuenta de que somos capaces de ejecutar cosas que van más allá de nuestra realidad cercana.

El texto de Stanislavski, si bien interviene en cómo efectuar un proceso creativo lo más fiel y real posible en escena, da cuenta de un asunto importante que se puede extrapolar a la sociedad: debemos aprender a creer, a generar una verdad en nuestras mentes, dando importancia a todos los procesos que vamos ejecutando en nuestro actuar. Por lo general no creemos en lo que hacemos, ni siquiera creemos en nuestras propias potencialidades. El texto de Stanislavski, más allá de ser un modelo de aprendizaje de actuación realista, es una invitación a generar nuevos sentidos, a generar nuevas rutas de viajes dotadas de realidad. No se trata de ser maniquís mecánicos en el mundo, al modo de Tiempos Modernos. Se trata de actuar, de no dejarse llevar por las apariencias, sino que creer en lo que se hace de modo de realmente disfrutar del acto mismo. Lo que Stanislavski habla como verdad escénica, no es más que creer, dejarse llevar por lo que se cree y dotarle un potencial de realidad. Si hemos de definir qué es lo que “somos”, no podríamos decir una mera característica, sino que uniríamos una serie de procesos los cuales nos describirían cercanamente a lo que efectivamente es. El artista como un creador, es alguien que a mi parecer rompe los cánones porque se sumerge en el juego, que es un acto tan fundamental como el respirar, porque este nos habla de quienes somos. Probablemente, a este mundo le hace falta más arte, más juego… le hace falta la libertad creadora despojada de prejuicios.


Bibliografía de referencia.

  • Luhmann, Niklas. “El arte como mundo” en Teorías de los Sistemas Sociales: artículos II. Universidad de los Lagos, Instituto de estudios superiores de occidente, universidad Iberoamericana, 1999.
  • Stanislavski, Constantin. Un actor se prepara. Editorial Constancia S.A., 2000.



[1] Estudio: http://www.imd.ch/

[2] Stanislavski, Constantin. Un actor se prepara. pp132.

[3] Luhmann, Niklas. “El art como mundo” en Teorías de los Sistemas Sociales: artículos II. pp19.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6] Ibíd. pp63.

[7] Ibíd. pp15.

[8] Stanislavski, Constantin. Un actor se prepara. pp85.

[9] Ibíd. Introducción, pp. XIV.

[10] Ibíd. pp.126.

[11] Ibíd. pp122.

[12]Ibíd. pp12.

[13] Ibíd. pp35.

domingo, 13 de marzo de 2011

Foucault y la locura...

Muy relacionado con lo que planteaba Daniel el otro dia... también creo que la genialidad artística está muy ligada a la locura, y ésto porque los grandes artistas han roto los cánones que estaban establecidos y sacramentados en su época. Considero que un referente que hace bastante sentido, es el de Foucault, el cual a través de su análisis de la "Geneaología de la Locura", da cuenta que históricamente ha sido un tema que a marcado a la humanidad... de hecho antiguamente el loco, que era personificado por el "profeta" era dotado de cierta "verdad", y en general era un individuo que terminaba generando cambios en la sociedad... pero con el paso del auge de la racionalidad, el loco pierde aquella capacidad de generar un discurso dentro de los parámetros sociales...

Al paso del tiempo, la locura se fue invisibilizando, como todo aquello que no cumple con los requisitos de la racionalidad... y es en esta época donde está la figura de Cezanne. Una locura que des-humaniza a quien lo "padece", dado que está fuera de si, está fuera de la condición humana. El "loco" es recluido en hospitales, es internalizado. El loco como fuera de sus "cabales", es un individuo que es visto como un "animal", porque está fuera de sí, fuera de la razón. Es una época marcada por la visión de Descartes, una época moderna donde el centro de todo está en la razón: recordemos la conocida frase "PIENSO, LUEGO EXISTO".

Entonces... alguien que no sigue las reglas, que no está enmarcado en la norma, en lo racional... está fuera del sistema. .. probablemente para romper y ver "más allá de lo evidente", es necesario tener cierta locura... cierto des-razonamiento, y ver con códigos distintos al disciplinamiento que tenemos en la sociedad actual de cada cual.